AURORA NOREÑA: La construcción involuntaria de la memoria. EVA GERD Texto. Agosto 2009
Ficha de la exposición: EVA GERD | El descanso de los huesos viajeros Terreno Baldío Arte Orizaba 87, Colonia Roma, México, D.F. Hasta el 3 de septiembre de 2009
LA CONSTRUCCIÓN INVOLUNTARIA DE LA MEMORIA. EVA GERD Después de una larga y productiva estancia en Italia, la artista danesa Eva Gerd muda su residencia a México y aprovecha para exponer en nuestro país por tercera vez de forma individual: en esta ocasión con la exposición El descanso de los huesos viajeros, en la galería Terrero Baldío.
En la muestra, que podrá ser visitada hasta el 3 de septiembre de 2009, la artista continúa la misma línea de exploración iniciada desde su performance: Presente Remoto (Fondazione Volume, Roma, 2008), donde especulaba con la naturaleza irracional de la memoria y su inmanencia a procesos perceptivos involuntarios del cuerpo y su sensibilidad.
Del mismo modo, en las esculturas y dibujos de su pasada exposición: DSM. Departamento de Salud Mental (Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, Morelia, Michoacán, 2008), que también pueden verse en la exposición en turno, acota el espacio de la memoria en el difuso e inconmensurable intervalo de contacto entre las superficies del cuerpo (o incluso de objetos inanimados) y el contenedor espacial que los envuelve.
El espesor del espacio donde se lleva a cabo el registro de la memoria puede ser tan extenso como el espacio circundante que delimitamos en una imagen mental a distancia, o tan pequeño como una película milimétrica, tal y como lo trabaja en la serie de huesos de animal hallados fortuitamente en Sicilia que utiliza como punto de partida de la producción que nos compete.
Aunque los huesos son parte inherente de los parajes desolados de la cinematografía y del imaginario colectivo, las osamentas abandonadas no han podido naturalizarse o neutralizarse debido a que nos remiten -a pesar de diferencias de especie- a historias de dolor y terror humanas (decesos y distintas formas de violencia social, particularmente en nuestro territorio).
A partir de dos mecánicas de intervención a los huesos diametralmente opuestas busca resarcirlos de la historia -o historias- de las que fueron despojados, es decir, busca crear en ellos nuevas evocaciones que permitan procesos de rememoración y redención.
Por un lado procede de manera similar a la práctica de ritos funerarios ya que el traslado de los huesos del lugar de hallazgo (Sicilia) a un destino último (México) es una acción simbólica que puede entenderse como el rito de la procesión, donde ella -y de algún modo el espectador- son el cortejo, y la acción de vestir huesos puede asociarse tanto a las prácticas de embalsamamiento como a la fabricación de reliquias, aquellos fragmentos cadavéricos re-significados por una animación más allá de su mortandad.
Eva elabora entonces contenedores -relicarios- emparentados en su laboriosa factura con artesanías populares propias del género femenino (el hecho de fabricar vestimentas es una costumbre muy arraigada en México, que lo mismo es para vestir al santo de la parroquia del pueblo que a enseres domésticos de la menor trascendencia como la licuadora o una jarra).
Pero también procede como un antropólogo forense que ve en cada accidente y en cada elemento morfológico pautas para construir algo diferenciado.
Con rigor científico utiliza: telas, costuras y bordados de diversos colores y texturas para descifrar: fronteras, protuberancias, depresiones y porosidades. Recorre las superficies óseas con precisión y meticulosidad para otorgarles una identidad y sacarlas de la fosa común.
Sus ropajes funcionan como anclajes culturales que, a partir de divagaciones y decisiones plásticas aleatorias alrededor de sus topografías, logran materializar eventos imaginarios e indeterminados que les construyen una individualidad.
En algunas piezas se deslinda de la volumetría del hueso y de esa necesidad de retraerse a sus superficies para leerlas con fidelidad utilizando apéndices tubulares y planos tangenciales para lucubrar otras posibilidades plásticas.
Sus obras nos hablan del miedo al ´cuerpo anónimo´, a ese cuerpo producto de la violencia o de la ascendente estandarización y homogeneización que promulgan los medios y las prácticas masivas; pero también, al proponer a las endebles cubiertas como la circunstancia histórica, nos remiten a la fragilidad de la memoria: a nuestra contradictoria capacidad de destruirla y construirla al mismo tiempo.
Al leer el señalamiento de la artista: "En realidad es el hueso el que decide dónde ser cubierto y dónde no, y de algún modo es él quien me guía la mano mientras bordo" (1), se plantea al hueso como quien construye de manera involuntaria, a partir de su topografía y del artista como vehículo: sus nuevos anales, comprendiendo a la memoria más como un engarce de acontecimientos a través de la sensibilidad, emotividad y cinestesia corporal, que como una construcción lógica y consciente procesada exclusivamente por el intelecto.
Aunque la obra compendiada en El descanso de los huesos viajeros puede sentirse limitada a pocas variables conceptuales, ya que todas las piezas comparten tanto una misma premisa exploratoria como una solución estandarizada (aunque con diversidad en el léxico plástico), el valor artístico se evidencia en: la capacidad de sacar a los huesos de su realidad e irreductibilidad para procesarlos simbólicamente y re-significarlos, y en el sentido que adquiere la repetición de una acción, hueso tras hueso, que nos exige ver al conjunto como una sola obra, más vinculada a la acción y el performance que a la escultura en su entendimiento tradicional (adquiere mayor relevancia artística el gesto de vestir huesos que los resultados formales de cada uno de ellos).
Si Eva Gerd logra exponernos a una experiencia compleja y ambivalente no es sólo porque: "(...) el cadáver (es) aquello donde terror y abyección, repulsión y atracción se aproximan (...)" (2), sino por la manera en la que le adjudica vitalidad a lo inerte.
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(1) Catálogo de la exposición El descanso de los huesos viajeros. Terreno Baldío Arte. Eduardo Mier y Terán. México, D.F., 2009. (2) Perniola, Mario. El Arte y su Sombra. Colección Teorema. Edit. Cátedra. Madrid, 2002, p. 22.